27/11/13

MARIPOSAS PRESAS Por Amara Fontao ( 2º ESO)

MARIPOSAS PRESAS

Por Amara Fontao ( 2º ESO)




Desde pequeña le habían gustado las mariposas, pues le parecían los seres que más cerca están de ser libres. Sí, quería ser como esos elegantes seres alados, los mismos que ahora se posan sobre sus jóvenes piernas de “chica alegre”, vestidas con unas atrevidas medias de redecilla.

También en su feliz y dichosa infancia solía pensar que después de su decimo octavo cumpleaños todo cambiaría. Se marcharía del acogedor hogar en el que su ansiada libertad estuvo estrictamente recluida bajo llave. Perdería de vista a sus cuadriculados padres, con los que nunca tuvo una buena relación, y viviría su propia vida, la que deseaba ella; ella y nadie más.

Ahora, sentada en el césped húmedo de aquel inhóspito parque, cavila. Mientras tanto, deja que su largo pelo castaño oscuro oculte sus misteriosos rasgos.

Por si sus pensamientos no fuesen lo suficientemente deprimentes, el cielo bajo el que está no ayuda mucho a mejorar su estado de ánimo. Más oscuro que la boca de un lobo y manchado de densas nubes grises, tras las que se asoma una increíble luna llena; lejos queda de ser la cúpula celeste del final de un cuento de hadas en el que dos enamorados se encuentran a la luz de una radiante luna acompañada por estrellas.

Qué ilusa fue al pensar que su vida sería perfecta, que se iría a vivir con su gran amor del instituto y tendría un precioso bebé, al que cuidaría al tiempo que se dedicaba al trabajo de sus sueños. La película que se había montado y la trágica novela a la que pertenece en realidad parecen ser del mismo escritor pero, para su desgracia, son muy diferentes.

En cuanto se fue de casa con la bestia de la que se había enamorado, se quedó embarazada de su bebé. Bebé que presenciaba todos los episodios de maltrato que su borracho e insensible padre ejercía sobre su inexperta y frágil madre.Tras cada perdón que el padre de su bebé le pedía, se repetía otra paliza, que en lo único que se diferenciaba de la anterior era en el aumento de la brutalidad con el que se llevaba a cabo.

Un día, ella cogió unas mudas, a su querido hijo y todo el valor que tenía y se largó a un motel, lejos del diablo que había convertido su vida en un infierno. Y ano tenía tantas esperanzas de que su vida remontase y tampoco tenía muchas ganas de intentar salir del agujero negro en el que había caído. De todos modos, lo rtenía que intentar por la preciosa criatura que había traído a ese horrible mundo.

Un frío día de invierno su bebé estaba hambriento, ella tenía que pagar el alquiler de la habitación y su bolsillo estaba vacío. Desesperada, intentó por enésima vez encontrar trabajo y, por enésima vez, no lo consiguió. Al volver al motel a recoger sus escasas pertenencias, se cruzó con un chulo que la había estado observando desde el día que llegó al lugar. Él le preguntó si quería dinero fácil; ella, dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de llevarle pan al único ser que le daba ánimo para levantarse cada mañana, aceptó.

Ya no tiene fuerzas para seguir recordando lo que sucedió a continuación en la tragedia que protagoniza, la que vivió en primera persona. Se encoge de hombros y le echa la culpa de su mala suerte a un elegante gato negro que pasa por la zona.


Ahora se alisa las arrugas que tiene en su diminuto vestido, tan negro como todo lo que la rodea y se deja llevar. Allí, en ese lugar tan misterioso, triste y oscuro como su existencia, exhala su última bocanada de aire.